De nuevo...
Estaba cansado del ruido, nunca había sabido desde cuando me habían molestado los ruidos que mi camioneta, por uso o abuso, empezaba a producir. Ruidos cíclicos, constantes, casi indolentes, no podía aceptar que mi fiel transporte, otrora nave silenciosa, se estaba quedando viejo. Me preocupaba por el cómo el hijo se preocupa por los achaques del padre obviando los propios. Cuando lo creía vencido ahí estaba de nuevo, cada vez más ruidoso, más agudo, más suplicante.
Suplicante?
Acaso un ruido podría estar suplicando? Suplicando que? El solo hecho de considerarlo me preocupaba, había conversado de ello decenas de veces con mi terapeuta:
- No, los objetos no te piden nada, son inanimados, es tu autoestima la que te juega una mala pasada - decía el.
- Si? Pero es casi real, replicaba, casi puedo sentir que me habla, que algo intenta decirme, me perturba.
- Debes aprender a lidiar con esos sentimientos, hay medicación que te podría ayudar.
- No quiero medicación, pensaba mientras lo miraba con rostro de aprobación, quiero simplemente que no suene más.
Lo había probado todo: apretar, engrasar, ajustar, había consultado varios profesionales, cientos de páginas web, decenas de talleres especializados, horas y horas de mi vida perdidos en pos de una sola razón: acallarlo.
Casi siempre probaba algo nuevo, siempre una pagina web no visitada me traía un procedimiento novedoso para solucionar lo que para otros era un simple problema mecánico, lo había probado todo y por algunos días en mi rostro se reflejaba la sonrisa de quien ha vencido secretamente para luego convertirse en un rictus de derrota cuando indefectiblemente, a los pocos días, anunciaba con apenas un susurro su regreso.
Me di por vencido...
Pensé, al fin, seguir los consejos de mi terapeuta y entregarme a sesiones interminables, evaluando el porque, el como y cuando habían comenzado a molestarme esos ruidos, que significaban y que podia esperarse e ellos. Al poco tiempo y durante cierto período trate de que no me importara, confiaba en que los medicamentos y la terapia me ayudarían pero el ruido se acrecentaba, se hacia más agudo, llegué a pensar que era a propósito, que conocida de mis esfuerzos, hasta que un día simplemente no pude más. Mi camioneta daba alaridos, chirriaba, producida ruidos nunca antes escuchados por mi... Estallé...
Grité con toda mi alma, mi corazón, maldije y golpee, de pronto súbitamente el ruido cesó por completo. No entendí lo que ocurría, quedé en una pieza al sólo considerar que me había obedecido, a los pocos minutos un rumor, comenzó de nuevo a escucharse, era apenas perceptible, era más bien un lamento, cómo alguien que sufre en silencio hasta que no puede más y se queja de su dolor pero sin querer despertar en otros la curiosidad ni la alarma.
De improviso me asomé debajo y por primera vez lo contemplé, me miraba con los ojos de aquel que se siente abandonado a su merced, del que no es tomado en cuenta, comprendí al fin que los ruidos no eran tales, eran lamentos que sólo podían ser acallados con atención y cuidados como el perro fiel que gruñe ante su amo para que le preste la atención debida. Cada cierto tiempo me asomaba sigilosamente para comprobar su estado, nuestros ojos se encontraban por momentos, ya no denotaban angustia sino paz, el sosiego de quien se siente querido.
Sobra decir que abandoné doctores y pastillas, todo estaba claro. Ahora, conozco todos los talleres, sus dueños me ven con ojos que revelan hastío, cansancio de un cliente que exige constantemente acallar ruidos que para otros son perfectamente normales, inclusive naturales.
Para mi no. No puedo ser tan insensible...
Uao!!!! Me movió, me afecró... Es bueno... No se como hacer una crítica o comentario adecuado... Pero es genial como se mezclan , o asi lo entendí....como se describe algo usando una metafora tan acertada.... Creo seria muy bueno con esto.... Y que lastima q no se puede leer tus publicaciones viejas....
ResponderEliminar